Thursday, November 27, 2014

La política payasa



¿Cómo le pides a una serpiente que deje de serlo?
¿Cómo le exiges aun escorpión que deje de serlo?

Es lo mismo con los políticos. Su naturaleza es la insinceridad. Se mueven como peces en las aguas turbias. Encuentran placer en ser vilipendiados, se engrandecen, se sienten más poderosos.

Secuaces de secuaces, sin amor propio, prestos a humillarse ante el jefe, porque el dinero es lo que importa. Servir para ser poderoso. Servilismo, hincarse de rodillas, rogar, agradecer.

Los políticos se agradecen entre ellos, se envían regalos.
Juegan a ser contrincantes, en las mesas de los restaurantes más caros e inaccesibles los puedes hallar muy quitados de la pena, abrazándose (se palmean con fuerza las espaldas, quizá con odio, quizá con envidia) con la sinceridad mecánica de los políticos. Porque no lo piensan ya, así es eso, así es.

La política es la acción y efecto de la palabrería y la postergación de los hechos.
La política podría no ser eso pues es necesaria la palabra y el habla para resolver conflictos. Pero la política ya no es eso, quién sabe si a veces, alguna vez, ha sido ello.
La política sirve para alargar acontecimientos, para encubrir actos que se intenta no salgan a la luz pública.

Cuando se promete que algún colega caerá con todo el peso de la ley, esta es tan laxa para ellos que si se cumple es vacación y si no, se pudo comprar el subterfugio.

Muchos de los que marcharon protestando contra el gobierno opresor en los sesentas son ahora funcionarios públicos obesos regodeándose entre millones de pesos y aún, supuestamente, opositores.

La política como la conocemos ahora, como en la decadencia romana, es un juego en el cual los que menos sabemos de las reglas y fichas somos nosotros, la gente de pie, como le dicen. La gente que no cuenta con helicópteros para evadir el tránsito y las protestas.

La gente no bloquea sus casas, camina hacia oficinas de gobierno donde ellos casi nunca están.
La gente marcha y ellos dejan que grites y tornes: desahogense.

La política es la casa que nunca pierde.
Siempre tiene alguna válvula de escape.

Se cubren pues todos son socios. Hay un código de dudoso honor, tácito, que en esas alturas les resguarda.

Salvo quien se salte las trancas, salvo aquel no muy bien visto, alguien con insuficientes contactos y provechos, ese es quien cae, ese es quien troca en chivo expiatorio. Y todos se lavan las manos, y todos se dan baños de pureza.

No los podrás cambiar. Así son. Y se la creen, realmente se la creen que luchan por el pueblo, que ellos y no los otros son quienes defenden la Patria. En verdad sienten que se rasgan las vestiduras y se envuelven en la bandera.

Todos podemos ser uno y otro al mismo tiempo, o en sucesiones inmediatas y dificlmente detectables a simple vista.

Mientras tanto, el llamado pueblo, el indescifrable pueblo, el indefinido, el que contiene muchos tipos de pueblo, tima a otro del pueblo, a uno de los suyos, aumentando la tarifa de un viaje, hurtándole el bolso, no pagando un servicio, no cubriendo sus deudas, vendiendo ilegalmente productos de la China.

Mientras aquí abajo, es la tierra de nadie, todos contra todos, supuestamente indignados por la corrupción del gobierno pero quién sabe si envidiosos y anhelantes de obtener un cargo así, un cargo público "porque ese sí deja".

Todos somos actores dentro de este circo de varias pistas.






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