Se qué no compartes esto pero en verdad, detengámonos y con más calma analicemos: ¿en verdad el presidente es autoritario? Es más, ¿de verdad es él quien gobierna este país?
Contrario a lo que piensan todos, yo compruebo una y otra vez que el sr. Nieto no es quien gobierna. Tengo mis razones pero es que bien mirado es tan obvio que raya en locura.
¿Cómo lo seguimos viendo hasta ahora? Fijémonos como se desenvuelve, cómo se expresa... Al sr. Peña no se le nota esa mirada del astuto que disfruta ser tiránico, de esos que hasta gozan ser vilipendiados. Te voy a enumerar unas comparaciones y hasta te vas a desternillar de la risa, a ver:
No admitiría él, su persona, comparaciones con un Franco en España o con un Pinochet en Chile o Videla en Argentina. Porque el gobierno en donde está sí tiene esos visos, no iguales pero muy cercanos actualemente.
A pesar de las atrocidades que atraviesa México, si lo vemos con detenimiento no podríamos asegurar que el sr. Nieto es la "master mind" (loca, malévola o cómo quieran llamarle) detrás de todo esto. ¿Por qué? Porque para ser un tirano incluso el dictador hijito de Corea del Sur emite en su mirada una crueldad de miedo y una determinación loca en sus actos. Se nota que es el coreano el principal orquestador de los planes y decisiones en su gobierno.
Echemos un vistazo a Maduro en Venezuela. Con todo y que arroja notorias señales de estupidez se nota que él y su gente han aprovechado concientemente esa "locura" para recargarse y explotar al máximo la imagen de Chávez. Que si le habla un pajarito, que si parece loco, todo ello le sirve a Maduro hacia sus seguidores aunque más bien da signos de torpeza y de inhabilidad. A pesar de todo ello se siente que él, con disparates y todo, es quien lleva las riendas de Venezuela.
Chávez, si nos quedamos por un momento con el lado negativo que se profesó y profesaron los enemigos, es claro que él fue quien tomó las decisiones, que no había otra voz.
Cuando tuvimos en México a Andrés López Obrador como jefe de la Capital mexicana, nadie dudó que era él quien llevaba la mano cantante. Un gobierno que, comentario aparte, con críticas y todo, no fue tan malo, ni violento ni se convirtió en ese experimiento terrorífico que sus enemigos tanto le auguraban. Tampoco se ha hallado hasta ahora noticias ni pruebas de desfalcos millonarios o fraudes del tamaño de los que se le están sacando más y más a Marcelo Ebrard, a reserva de que sean probados reales o no.
En verdad yo no creo que sea preciso continuar señalando que el presidente Nieto representa "la vuelta del autoritarismo" o del "presidencialismo" como lo conocimos. Esto tiene otro nombre. Me quedaría por lo pronto con una vuelta a la hegemonía de partido. Aunque tiene sus asegunes.
Detengámonos con calma:
¿Refleja Peña esa cultura (para mal ya se pero cultura al fin) que tenía un López Portillo? El presidente que lloró y defendió al peso como un perro (poco antes de la devaluación que echó por tierra una vez más los sueños de abundancia que tanto pregonó), López Portillo dominaba, él era el Señor, en el yacía la primera y última palabra.
¿De veras podemos situar a Peña Nieto en esa misma mesa fatídica junto con un Luis Echeverría Álvarez o un Díaz Ordaz? Personajes que sabían su nefasto oficio, que conocían al dedillo el intringulis del sistema priísta.
Y me voy más lejos, ¿de veras podemos ver a Peña equiparado con Salinas de Gortari? Jamás.
No es alabanza, entiéndase bien por favor, pero Salinas de Gortari es un político hábil, astuto, muy inteligente, sabe manipular, es sutil como un zorro, nadie duda, nadie que él manejaba los hilos.
¿De veras, ya en serio, de veras podemos pensar que una persona como el sr. Nieto tenga ese nivel de inteligencia, que él es quien maquina todo?
Cada vez lo dudo más. No muestra ningún signo de astucia, de ser un político cabrón que tiene, para bien o para mal, los pelos de la mula en la mano. Yo llegué a pensar que su mayúscula torpeza y franca torpeza era parte del truco, parte de la actuación. Pero, de veras, y con todo respeto, nadie podría actuar tan bien el ser tan mal presidente.
Es la hora que no puede leer bien un texto, que no hace caso de las indicaciones pocas o muchas que le hacen sus "asesores". No puede. No es que no quiera: no puede.
Es la hora en que no podemos verlo articular un minuto de oraciones coherentes. No podemos adentrarnos en SU pensamiento. No podemos conocer un atisbo de lo que EL Siente. Y sobre este particular punto tú has escrito ya.
Felipe Calderón quizá ha sido hasta ahora el último presidente autoritario de México. Sí, perdón pero sí. En este sentido: odiaba delegar, recuerdas que el mismo Castillo Peraza se lo dijo en una misiva personal. Felipe tenía que decidir todo, verlo todo, él daba las guías, él "tiraba línea" como en el viejo estilo priísta siendo panista.
Otro caso: sin tener signos de franca soberbia o gestos dictatoriales, Ernesto Zedillo fue quien gobernó. Se percibía su coherencia entre lo que exponía y lo que "sucedía" en el país. No hay duda de que escuchaba a los grandes poderes que siempre todo presidente tiene que oír le guste o no, pero quien movía las piezas al final era él.
En el sr. Peña Nieto, no hay rastros de "ese" poder, ni siquiera del deseo de emanciparse de sus jefes y asumir ÉL su poder.
Caso contrario a lo que pasó con Zedillo. Tú te acordarás. Cuando asumió el poder Ernesto Zedillo se veía minúsculo, con miedo. No era para menos: sustituía a quien todo mundo pensaba sería el presidente del cambio, contradictoriamente un priísta: Luis Donaldo Colosio, quien fuese asesinado.
Ahorita nos parecerá gracioso pero acuérdate de Salinas, cuando asumió el poder nadie daba un quinto por él. Se veía pequeño, ratonesco. Bueno, pues resultó ser uno de los presidentes más eficientes e incluso mejor evaluados de la historia. Ahora todos lo negarán. Pero sociedad, intelectuales, empresarios, hubieran vuelto a votar por él si no hubiese sucedido el famoso "error de diciembre". Justo cuando la economía mexicana era aplaudida y el país clamaba estar tocando las puertas del Primer Mundo, todo se vino abajo porque hizo como en ese juego del dado: tomó todo. No dejó nada.
¿Podemos hallar signos de esta astucia, de esta inteligencia, de esta oscura pero efectiva capacidad, podemos atisbar en Peña esa enfermedad que yace en el deseo de poder? No.
No estoy diciendo que no disfrute gozar de todos los privilegios con que cuenta. Pero, en verdad, no se nota por ningún lado, por lo menos hasta ahora (y ya se tardó si quería demostrar lo contrario) que él sea el Manda Más.
El presidente de México está ausente. Ausente desde su mirada, ausente físicamente. En pensamiento, palabra, obra y omisión. Sobre todo en omisión.
Los actos que ha cometido el Gobierno o que se le achacan a él han sido más por omisión que por decisión. Los destinos en Economía o las Reformas estructurales. Por ejemplo, de lo que más se le acusa: La desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa no parece ser "un plan" urdido por el presidente. Incluso diría que no es responsable directo de esa desgracia que sigue aquejando a gran parte del país. Ahí ha pecado de omisión. Que es quizá ya tan grave como haberlo perpetuado. Ha ignorado el sufrimiento de los padres y madres, no ha declarado nada al respecto y frente al pueblo de México y el mundo. Le ha importado muy poco los derechos de los emigrantes, las víctimas de las luchas entre y contra las organizaciones de narcóticos ilegales, ni se acuerda de la seguridad de las fronteras norte y sur, entre otros muchos importantes temas.
Simplemente él no está.
Simple y sencillamente el presidente Peña ejecuta. Nadie había llevado a un término tan preciso el ser "El ejecutivo": lleva a cabo las indicaciones y planes de "alguien más".
Y es chocante entrar en esos entrecomillados que se adentran en el juego laberíntico de las teorías de la conspiración, pero nunca había sido tan palpable.
No entraré aquí a especular porque ya se volvió deporte nacional y tanto puede ser como no.
Para bien o para mal, todo gobernante de esa calaña siempre es astuto. Ninguno ha sido pendejo. Que sean malvados, locos, pervertidos, vengativos es otra cosa. Pero todos dominan su ramo.
Todos los personajes con quien al vuelo hemos comparado al sr. Nieto son personas que se les ve, se les derrama ese gusto por tener el poder absoluto, porque nada más sus chicharrones truenen. Incluso en los primeros momentos del gobierno de Vicente Fox él tuvo el poder. El primer presidente de México surgido de un partido opositor. Con mayor exactitud: el primer presidente independiente, porque se nos olvida que el Pan le dio la espalda y solo cuando ya la vio en serio, cuando notó que subía su popularidad y tenía muy clara posibilidad de triunfar, típico del Pan, entonces sí salieron a apoyarlo y toda la cosa.
A Fox no le duró mucho el poder y no por culpa de los contrincantes sino por la astucia mayor que habitaba su propia casa: su esposa, Martha Sahagún. Pero, incluso en él se atisbó esa mano que regía, esa decisión que surgía de alguien que Tenía El Poder.
Peña no entra en ninguno de estos esquemas. En ninguno.
Y entonces solo hay de dos:
O el sr. Peña en verdad no es quien gobierna México...
o es el más grande actor que haya existido en el planeta.
Pero algo más: ¿a quién le gusta actuar de imbécil tanto tiempo cuando ya tiene el Poder? Hasta los más ignorantes comienzan a querer cultivarse, por lo menos hacen la finta de que se bañan con cultura y algo, algo se les ha de pegar. Aquí no pasa. Ni la finta hace. ¿Por qué? Porque no puede.
Un error garrafal de casting. Supongo que se trataba de agarrar a alguien que no tuviera tantas ganas de poder pero tampoco que tuviera tan poca necesidad de reconocimento.
Y no estoy dando ideas pero, imagínate que pasas por las innumerables burlas, a veces terribles, como de las que fue objeto Peña Nieto cuando candidato a la Presidencia, ¿quién soporta tanta humillación pública? Una vez que tuviese el poder en sus manos, ¿no harías algo al respecto?
El no lo ha hecho. El solo aguanta y se calla.
Hay decenas de videos en internet donde lo han hecho pasar ridículos que a cualquiera con sangre en las venas encendería: campesinas lo han dejado con la mano extendida, al presentarlo en eventos en otros países ha sentido el horrible silencio: nadie le aplaude...¿si tú tuvieras el Poder se quedaría tan tranquilo? No digo que te sueltes a exterminar a todos, que sería "lógico" de un loco tirano tipo Hitler, pero ¿no te mostrarías más fuerte, con más cojones?
O ¿acaso tenemos a un personaje que es un dechado de tolerancia y respeto a la crítica negativa? Sabemos que no.
Ni en los personajes de comics. Quien en su pasado es humillado busca sobresalir precisamente para vengarse.
El presidente Peña no ha mostrado visos de estar "resentido". ¿Tú no lo estarías? No podemos encontrar en ninguna parte una acción emitida de su pensamiento en que se lea una "venganza por quienes se burlaron de mí" o en el mejor de los casos: una determinación de salir más preparado, más entero, ya ni por el país, ¡por él mismo!
En verdad te digo,
no tenemos a un presidente autoritario: es más simple:
El simplemente no está.
El es un presidente ausente
Ausente dentro de su propia cabeza.
Ausente del país y de sus tristes acontecimientos.
Es, en sentido estricto, efectivamente dos cosas: una imagen y el ejecutivo.
Es un holograma.
Y ¿en verdad un hombre con este despliegue de tan poco carácter es atractivo al sexo femenino?
Ya hay momentos que hasta me da pechito: ¿será una víctima más? No me atrevería a tanto por respeto a tanta familia que ha perdido a sus seres queridos. Pero hay una parte de mí que le tiene compasión. Y otra que me genera mucho coraje.
La mano que mece la cuna no es tan mensa.


No comments:
Post a Comment